Hidroterapia de Colon |
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TestimoniosEn este apartado le ofrecemos la transcripción del autor de numerosos best-sellers sobre alimentación terapéutica. Esta transcripción pertenece a su libro Cuerpo radiante, publicado por Editorial Océano en 2002, y narra sus primeros acercamientos a la hidroterapia de colon y sus descubrimientos. Mi mayor descubrimientoEn los tiempos en los que los médicos aún hacían visitas a domicilio, justo cuando empecé en el ramo de la sanidad, el doctor Glen Sipes me pidió que lo acompañase a un domicilio de Oakland, California, donde lo habían llamado con mucha urgencia. Al llegar nos encontramos con un hombre de unos treinta anos de edad, que estaba en cama con mucha fiebre, y cuya piel asemejaba el color rojo propio de una remolacha, y al que le dolían todas las extremidades del cuerpo. El doctor Sipes exploró atenta y cuidadosamente (dando pequeños golpecitos) la parte abdominal del hombre, que se correspondía con el intestino. Entonces, le preguntó al paciente: «¿ha ido usted al baño?» Nunca pude imaginar que una persona pudiese sentir tal sensación de alivio sencillamente por haber limpiado su intestino. ¡Me convertí en un creyente! Lo había visto con mis propios ojos. Poco tiempo después, estuve una temporada junto al doctor Max Gerson, en su laboratorio de New Jersey. El doctor Gerson era un médico que utilizaba enemas para limpiar el intestino de sus pacientes. Escribió un libro llamado Cincuenta pacientes con cáncer curados. Al observar al doctor Gerson, confirmé mi creencia sobre la limpieza intestinal, aunque todavía no entendía dicha técnica. Cuando leí las obras de sir W. Arbuthnot Lane, médico de la familia real británica, observé que las intervenciones quirúrgicas que realizaba para extraer las partes enfermas del colon, a veces curaban por completo dolencias localizadas en otras zonas del organismo, como por ejemplo la artritis, el asma y las tiroides intoxicadas. Pensé que debía existir un conexión entre la condición intestinal y las otras zonas del cuerpo, pero ¿cuál era? Me sentía como un detective en busca de las pistas necesarias para resolver un gran misterio. A lo largo de todo periodo, que duró varios anos, estuve familiarizado con la ley de curación de Hering. El doctor Constantine Hering, homeópata europeo, vino a nuestro país y se hizo miembro del Colegio de Homeopatía de Filadelfia. Él aseguraba que todo proceso de curación empieza desde dentro hacia fuera, de la cabeza a los pies y viceversa, a medida que los síntomas van surgiendo. Esta ley es un «sueño». Jamás se ha utilizado correctamente. El doctor Hering sabia perfectamente sobre lo que estaba hablando, pero dudo de que otros homeópatas supiesen lo que quería decir. Al principio, yo tampoco vi la conexión con los intestinos. Pensé que la ley del doctor Hering estaba relacionada con la toxemia y su tratamiento mediante el ayuno, tal y como lo enseñó el doctor John Tilden en su libro Explicación de la toxemia. Todavía no lo había comprendido por completo. Durante ese tiempo, en los años cuarenta, acudían a mi consulta pacientes con dolores en una zona muy concreta del intestino, y que además tenían cáncer u otra enfermedad grave extendida en otra zona del cuerpo. Algunos de los pacientes consiguieron curarse del todo a través del ayuno, una dieta especial u otro tipo de trabajo depurativo. Obtenía increíbles resultados con mis pacientes, enseñándoles cómo trabajar para obtener una crisis de curación. Una crisis de curación es el momento de crisis durante el cual el cuerpo se esfuerza al máximo para deshacerse por sí mismo de los mocos y el catarro. Los antiguos síntomas reaparecen y se solucionan. La excreción intestinal suele ser increíble. Las crisis de curación suelen durar entre tres y siete días y siempre aportan la inversión de alguna condición crónica. Y los intestinos siempre están involucrados en dicha crisis. Recuerdo que la estrella de cine Rodolfo Valentino murió tras someterse a varias operaciones por problemas intestinales. Desde entonces, decidí controlar las esquela de los personajes famosos del mundo de la política y del cine; me sorprendió muchísimo averiguar que la mayoría de ellos fallecía por problemas relacionados con uno o más canales de excreción corporal. Al mismo tiempo, estaba aprendiendo que cuando el intestino trabajaba menos de lo normal, los otros canales de eliminación –la piel, los riñones, el sistema linfático y los pulmones– trabajaban en exceso. Existen muchísimos síntomas que señalan directamente al intestino durante una crisis de curación, cuando algo no funciona bien en nuestro cuerpo. Posiblemente, a causa del exceso de trabajo, comencé a tener mis propios problemas intestinales. Así que decidí realizar el tratamiento al que la doctora Shaffer, una enfermera que fue estudiante del doctor V. E. Irons, denominó colema. Los colemas me ayudaron bastante, así que empecé a incluirlos en mi propio trabajo intestinal, incluso mientras desarrollé el programa esencial de limpieza de tejidos. Mis conocimientos y comprensión sobre el intestino estaba creciendo y cada vez obtenía mejores resultados con mis pacientes. Para aprender más sobre el reflejo intestinal, al que he denominado reflejo del arco neural, empecé a estudiar embriología. Aprendí que durante la segunda semana de formación, el embrión tiene la misma forma que un tubo digestivo primitivo, y que su sistema nervioso empieza a construirse, lo cual quiere decir que los tejidos intestinales y nervios están íntimamente relacionados. En la cuarta semana, los primeros brotes del pulmón y el hígado comienzan a bombear desde los tejidos intestinales y nerviosos. En la sexta semana, empiezan a formarse casi todos los brotes de los demás órganos. De repente me di cuenta de que éstos estaban protegidos por una membrana hecha con el mismo tejido intestinal y nervioso del embrión original. Entonces fui consciente de que el tejido del intestino primitivo protege a cada órgano con una membrana. De repente vi la luz. Así es como los hijos heredan las debilidades genéticas de la madre y el padre: a través del tejido intestinal y nervioso que más tarde se convertirá en la membrana que protegerá y cubrirá al resto de órganos. Allí donde el intestino tiene una debilidad inherente, el órgano que se desarrolló a partir de dicha zona intestinal heredará esa misma debilidad inherente. Ésta es la clave del síndrome del arco neural. Ahora podía ver cómo ciertas zonas del intestino se reflejaban y relacionaban directamente con órganos concretos. Cualquier debilidad genética intestinal podía afectar al órgano que estaba afectado con dicha parte intestinal. La reducción de toxinas o nutrientes de uno afectaría al otro. Eso hace que tal zona de dicho órgano tenga mayores posibilidades de sufrir algún trastorno y, en consecuencia, provocar el desarrollo de alguna enfermedad. Cuando hablo de aquellos tejidos que genéticamente son débiles, lo llamo debilidad inherente, y casi todos mis estudiantes y pacientes entienden que cuando hablo de un órgano inherentemente débil, me refiero a aquel órgano que es más vulnerable y que tiene más posibilidades de sufrir una carencia nutricional o una intoxicación mayor que el resto de órganos «normales». Un órgano inherentemente débil puede dejar de funcionar y enfermar con bastante facilidad. Todos tenemos estas debilidades inherentes desde que nacemos y permanecerán con nosotros para el resto de nuestras vidas. Al igual que en el embrión, ocurrirá lo mismo a lo largo de nuestra vida. La autointoxicación provocada por la falta de actividad de los canales de excreción aporta una inmediata sensación de fatiga y enervación. Esto es lo que enseñaba el doctor Tilden. El principio de toda enfermedad es la toxemia y la debilidad. Pude comprobar las enseñanzas del doctor Tilden. Sus teorías eran certeras, aunque él no sabía por qué. Reuní todos los pedazos del rompecabezas y, finalmente, pude ver el dibujo completo y con claridad. Empezamos a vivir con todas las debilidades inherentes de nuestros padres. Nuestra salud depende en gran medida de aquella información genética que heredamos de nuestros padres. Todos empezamos a vivir con algunos puntos que están en contra de nosotros mismos; con algunas zonas intestinales que, por ellas mismas, ya son más débiles. Por lo general, si se produce alguna condición adversa en alguna de estas zonas inherentemente débiles, ésta se reflejará en otra parte del cuerpo, causando algún problema que es muy posible que se encuentre bastante alejado de la raíz del trastorno. Debido a la carencia de nervios conductores del dolor en el intestino, el paciente no se queja de la zona intestinal y el doctor no tiene ninguna razón aparente para sospechar que el problema está en el intestino. Así pues, el doctor inspecciona y trata los senos, la espalda, o el páncreas, mientras la raíz de dicha dolencia permanece intacta. Por lo que he explicado, el lector podrá ver que donde quiera que estuviese esa debilidad inherente en el intestino, se refleja de manera directa en aquel órgano que creció de aquel mismo intestino en aquel lugar. Para cuidar de nuestras debilidades inherentes, debemos cuidar de todo nuestro cuerpo y persona. Pero siempre poniendo al intestino en primer lugar. Si cuidamos adecuadamente de nuestro intestino, podremos sacarle el mejor provecho y obtener, en consecuencia, una salud de hierro. Una vez logré entender todo esto, ¡la ley de curación de Hering recobró vida para mi! «Toda curación empieza desde dentro hacia fuera (desde el intestino reflejándose a otras partes del cuerpo), de la cabeza a los pies (desde los centros de control de los órganos cerebrales, influyendo en aquellos otros órganos a los que están conectados), y viceversa a medida que surgen los síntomas (siendo la inversa aquel estado provocado por una crisis de curación, y la eliminación de cualquier sustancia tóxica relacionada tanto con el intestino como con los órganos implicados en dicha condición de malestar y enfermedad).» A pesar de que la limpieza intestinal no lo cura todo, no existe ningún paciente al que haya tratado que no se sintiese mejor cuando los tejidos nuevos reemplazaban a los viejos. Por eso siento que éste ha sido «mi mayor descubrimiento». A menudo me pregunto por qué obtengo tan buenos resultados con mis pacientes. Desde mi descubrimiento soy consciente de que ello es así porque, en primer lugar, siempre cuido del intestino. Tengo muchos testimonios de pacientes que siguieron mis consejos sobre nutrición y eliminación, y cuya salud ha mejorado notablemente. Por cada uno de estos testimonios existen cientos de pacientes adicionales que están muy agradecidos por empezar nuevamente con su vida. No todo el mundo necesita realizar colemas para obtener resultados increíbles. Pero cabe resaltar que la naturaleza es lenta y que los colemas ayudan a aligerar el proceso de curación, de regeneración y reposición de los tejidos. Después de todo, la limpieza intestinal es una curación natural «artística», y no un tratamiento «artístico». Disfrute de esta web en formato Adobe® Flash™, para ver las animaciones e imágenes. |
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